Jorga

Lo único que necesitábamos era un
trago más. Nadie podía ni quería volver a casa, porque a esas
horas quedaban sólo taxis y los últimos billetes servirían sólo
para añadir horas a la noche que ya comenzaba a envejecer. Luego de
haber salido del último bar porque cerraban, nos encontrábamos
caminando a ciegas. «Vamos por aquí, algo hemos de encontrar.
¡Esperen! Una escalera con una luz». Subimos casi gateando y
entramos en un bar vacío, evidentemente estaban por cerrar ahí
también. «Hola ¿la última cerveza? ¿Por favor?» El joven que
atendía detrás de la barra nos miró divertido. «¿Quieren beber
aquí? ¿Seguros?».